Es la una del mediodía y mientras termino de desayunar, cierro "Mal de escuela", de Daniel Pennac. No conocía a este autor ni de oídas, y el libro ni siquiera es mío. Me lo dejó un compañero de las clases de teatro. Hacíamos un ejercicio para mejorar la pronunciación y la orientación de la voz, cuando él leyó el siguiente párrafo:
"- Decías que detestabas las mayúsculas.
-¡Ah! ¡Qué terribles centinelas, las mayúsculas! Me parecía que se levantaban entre los nombres propios y yo para impedirme tratarlos. Toda palabra marcada con una mayúscula estaba condenada al olvido inmediato: ciudades, ríos, batallas, héroes, tratados, poetas, galaxias, teoremas, prohibido recordarlos a causa de de una mayúscula petrificante. Alto ahí, exclamaba la mayúscula, no se cruza la puerta de este nombre, es demasiado propio, demasiado limpio, no se es digno de ello, ¡se es un cretino!"
Un párrafo cualquiera, puede que sí, pero de ésos que atrapan una fibra de tu conciencia, que despiertan tu curiosidad. Total, que no pude evitar dirigirme a él al terminar la clase para pedirle que me prestara el libro. De eso hace una semana.
Si no lo habeis adivinado ya, os lo digo yo: el libro en cuestión trata el tema del fracaso escolar. De esos chavales que, por las circunstancias que sean, simplemente "no pueden" sacar adelante los estudios, entender las explicaciones, hacer los deberes... Todos hemos tenido un compañero así, incluso una etapa así. El libro me gusta no sólo por eso, sino porque quien lo escribe fue uno de ellos, vivió en carne propia el sufrimiento de quien intenta llegar y no alcanza ni la más mínima aprobación. Años después es escritor y profesor dedicado a intentar iluminar el camino de los que perciben el futuro como un borrón oscuro y creen que nunca lo conseguirán.
¿Por qué cuando se habla de enseñanza todas las discusiones se centran en el fracaso? En los suspensos, en la vaguería, en los zoquetes, en la desaparición del esfuerzo... ¿Por qué la imagen que se tiene de la juventud es la más negativa? Reconozco que es cierto que en muchos casos no se estudia porque no se quiere; pero entonces, aquellos que tienen razones de peso, miedos e impedimentos reales ¿están condenados a verse relegados al cajón de los zánganos?
El cambio es posible, y todos debemos tener la opción de cambiar. Pero, si nadie tiende una mano a esta díscola juventud, ¿cuántos de nosotros seguiremos adelante? ¿Cuántos lograremos en la vida algo de lo que sentirnos satisfechos?
¿Cuántos habríamos llegado hasta aquí?
KONY 2012 (actualizado)
Hace 2 días


¡Qué grande Pennac! Voy a leerme ese libro ya. Léete los de la familia Malaussene, a mí me encantaron.
ResponderSuprimirEmpatía. Eso es lo que nos llevaría a entender muchas cosas. Para hablar de un problema lo bueno sería haberlo padecido, pero, si has tenido la suerte de librarte de él, por lo menos ponte en lugar de quien lo padece.
Me enerva que se crea que la gente hace las cosas mal porque quiere ¡qué más quisieramos que hacerlo todo perfecto!
El Lord tiene razón! La empatía es el mal de la Humanidad, lo que se llama error por falta de acción, no por una mala acción en sí.
ResponderSuprimirFuera del mundo del libro, un buen ejemplo de la injusticia del fracaso escolar se refleja perfectamente en Mentes Peligrosas (1995)y, un poco en esa línea, la menos conocida Conociendo a Forrester (2001).
¿Hasta por aquí vamos a conversar las tres? jaja. Igual hemos encontrado una nueva adicción comunicativa (y olé)
ResponderSuprimir