martes 12 de mayo de 2009


El tren se perfilaba contra el horizonte, surcando los raíles con una sucesión de amortiguados crujidos, y sin concederse pausa alguna. Ni una sola luz brillaba en la oscuridad, a excepción de las de la locomotora y de un pequeño candil titilante en el último vagón. La madrugada no terminaba de arrancar, y una espesa niebla se colaba en jirones por cada rendija, arrancando nubes de vaho de cada una de las respiraciones de los adormecidos viajeros.

Mara, apoyada contra el cristal, despertó con un sobresalto cuando el tren dio una sacudida especialmente violenta. Su mejilla izquierda había perdido la sensibilidad, al estar tanto tiempo en contacto con el frío vidrio, y la joven se la frotó con viveza, para hacerla entrar en calor. Con la vista algo nublada, y reprimiendo un bostezo, observó el compartimento. Su compañero, el torpe pelirrojo, había caído también en las garras del sueño, y se encontraba completamente hundido en el asiento, de tal manera que su barbilla quedaba oculta bajo el cuello del jersey, y tan sólo su nariz y ojos eran visibles. Unas gafas redondas se batían en equilibrio en la punta de su nariz, y con cada nuevo traqueteo se deslizaban unos milímetros más hacia el borde. Mara no pudo evitar una nueva sonrisa. Su imagen era un tanto cómica. Alisándose el abrigo, se levantó del asiento e intentó estirar las entumecidas piernas.

El baúl que había dado lugar a las primeras palabras compartidas con su compañero de compartimento descansaba de pie junto a la puerta. Era tan grande que no cabía en la rejilla portaequipajes. Al pasar junto a él, Mara vio con sorpresa que al lado de las iniciales que indicaban el nombre del propietario (una I y una C lacadas en color dorado), un escudo grabado sobre la madera delataba su origen nobiliario. Una mirada de escepticismo se escurrió desde los ojos de la joven hasta el rostro del pelirrojo que roncaba sonoramente en la otra esquina del compartimento. Desde luego tenía de todo menos el aspecto de pertenecer a la nobleza. Aquello parecía interesante. Muy lentamente se volvió hacia el tal I.C. y le examinó con tranquilidad. Sus primera impresiones parecían ser acertadas. Sólo algo destacaba en el cuadro entre cómico y lastimero que protagonizaba el joven. En su mano derecha, cerrado sobre su dedo índice, un tomo de al menos quinientas páginas ricamente encuadernado, rezaba: “Principios de medicina y conocimientos botánicos”.

Lo último que hubiera pensado. ¿Un intelectual? ¿Un médico? Era demasiado joven para serlo, si no demasiado inocente (o, al menos, eso parecía). En cualquier caso, ningún médico (y mucho menos uno tan imberbe como aquel) iba por ahí llevando caros libros ni escudos nobiliarios en sus baúles. Nada encajaba. La posibilidad de que aquellos objetos tan distinguidos hubieran sido robados le arrancó una estruendosa carcajada, cuando su cara se encontraba tan sólo a unos milímetros de la de él. Aún estaba reponiéndose de tan improbable y divertida idea, cuando, ante sus ojos castaños, otros verdes se abrieron y la miraron con auténtico pavor.

-“ ¡S… s… se…se… señorita!”- tartamudeó él- “¡Qué susto! ¿Ne… ne-necesita alguna cosa qu-que yo pueda proporcionarle?”-

-“En absoluto. Discúlpeme, simplemente estaba buscando el modo de insonorizar sus potentes ronquidos”-

Con una velocidad desorbitada, y casi golpeándose con el mobiliario, Mara salió del compartimento, y echó a correr por el pasillo, en busca del retrete. Se apoyó contra la pared y, acalorada, exhaló un suspiro. Sentía el calor extendiéndose por sus mejillas, y no era debido a la carrera. Nunca se había visto pillada en un renuncio, en una situación vergonzosa. Su terrible curiosidad le había jugado una mala pasada, y ahora tendría que volver a entrar allí y pedir disculpas… la patética excusa de los ronquidos no había quien se la creyera. Ahora no podría escudarse en el silencio para ignorar al extraño señor I.C., sino que sería él quien la castigase con su indiferencia.

Maldita curiosidad.

3 comentarios:

  1. Hola me paso para ver si tenías algo nuevo. Estas escribiendo una novela o simplemente has encadenado dos relatos.. saludos

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  2. Lo que llevo escrito es bastante extenso, otra cosa es que llegue a convertirse en algo más, porque "novela" es un término muy pretencioso... pero esa es la intención.

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  3. Cuélganos más, cuélganos mássss!!

    Me gusta mucho!

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