jueves 21 de mayo de 2009

“Prefiero la resaca amarga que deja la ilusión, a la amargura crónica de no intentarlo...”

No tenía ganas de llorar.

Era 20 de mayo. El examen había terminado, se habían pasado horas tirados en el césped y bebiendo cerveza. Horas. Se rieron como nunca. Los planes surgían con la rapidez de la espuma, eran imparables, ágiles, felinos. El mundo se extendía a sus pies. ¿Qué podía pararles?

La cerveza corría por sus gargantas, ellos corrían por el césped y el calor del mediodía corría por su piel. La felicidad quedaba ya una parada atrás, ellos corrían más rápido. No quedaba tiempo para las amarguras, desde luego.

Eli se separó del grupo y fue hacia un árbol. Vomitó ruidosamente. Todos rieron, ella la primera. Pero se sentó un poco más allá porque notaba que las piernas no la sostenían. Miguel se dio cuenta y corrió hacia ella.

-“Eli ¿estás bien? No deberías beber tanto, sabes que te sienta fatal. Venga, levanta”.

-“Migue, no puedo, ¿vale? Déjame un rato al sol, que así estoy a gusto”.

-“Bueno, como quieras. Yo me quedo aquí contigo”.

Se tumbó a su lado. Las manos detrás de la nuca y la mirada en las nubes. Cerró los ojos y disfrutó del sol.

Eli, con la cabeza entre las rodillas, no pensaba en nada en concreto. Pasajes fugaces le hacían daño en el cerebro, podía sentir pequeñas cinceladas de luz en cada una de sus neuronas. Las estruendosas carcajadas de los demás no ayudaban. Necesitaba un poco de tranquilidad. Miró a Miguel. Se había quedado dormido. Por supuesto, no había bebido tanto como ella, pero sí lo bastante como para amodorrarse al sol. Decidió no despertarle.

A gatas, primero, y caminando después, se dirigió al edificio 14. Estaba vacío y silencioso. Y fresco. Eli caminó por el pasillo en dirección al baño. Su mano rozaba los azulejos de la pared. En una clase comenzó a sonar “Chica de ayer”. Los de perycom hacían prácticas de radio. Caminó más deprisa, al ritmo de la música, sin dejar de rozar con los dedos la pared.

“Demasiado tarde para comprender…”

Metió la cabeza debajo del grifo. Dios, el agua estaba congelada. Dejó que escurriera por su nuca y después ella misma se dejó resbalar por la pared hasta caer al suelo. Le dolía la cabeza. Muchísimo.

Ella no era así, nunca lo había sido. Lo que pasaba, lo único que pasaba era que cada minuto que se sucedía se sentía más y más culpable. No quería estar más tiempo con Pablo, de tenerle un cierto cariño (porque lo cierto es que nunca le había querido, y no había tenido tiempo ni ganas de enamorarse de él) había pasado a odiarle por sentirse obligada a pasar tiempo con él. Y si se sentía mal era precisamente por ello, porque él no tenía la culpa de nada, bueno, si acaso, de no darse cuenta de lo que pasaba, de estar en una permanente nube de felicidad sin ver que ella no sentía lo mismo. Cuando le dijese la verdad, y tenía que ser pronto, iba a caerse desde muy alto. Pero, la verdad, es que ya le daba lo mismo.

Quería estar sola y priorizar un poco en su vida, porque no tenía nada claro. Quería que dejasen de preocuparse por ella todo el tiempo… “¿A ver, Eli, qué estás pensando? Tus amigos te quieren y por eso se preocupan por ti, punto. Lo que sí es cierto es que necesitas un cambio de aire… salir más con la gente de clase te puede venir bien, estar con otra gente, cambiar de rollo… aquí no hay nadie que vaya a montar pollos cuando te pongas mal, o te vayas un instante sin decir qué vas a hacer, o cuestione cada una de tus decisiones… no hay nadie tan pesado como para regañarte por cada decisión que tomes o perseguirte si desapareces un segundo de su vista…”

-“Coño Eli, estás aquí. ¿No me oyes o qué? ¡Levo media hora dando voces en el pasillo! ¿Te parece normal desaparecer, con el pedo que llevas encima? He pensado desde que te habías salido a la carretera hasta que te habías ido a casa sin avisar… joder, ten un poco más de cuidado, tía, que vaya susto me has dado!”-

-“Estupendo, estupendo… ¿se puede saber qué mierda haces aquí, Migue? Sólo he venido a mojarte la cara, ¿pretendes que te pida perdón por no haberte firmado un parte? ¡Oh, Dios, dispensa a esta pecadora de sus faltas!-

Miguel, apoyado en el quicio de la puerta del lavabo, se partía de risa, se carcajeaba, de hecho, prácticamente lloraba de la risa: -“Eli estás borrachísima, tira pal césped, vamos”

-“Que me dejes en paz, a ver si te crees que eres alguien en mi vida como para echarme sermones, no pienso ir a ninguna parte, no, no pienso ir, déjame en paz, déjame en paz… AHHH! Migue qué coño haces, ¿eres sordo? ¡He dicho que me dejes, bájame!”-

La había cogido en brazos y se la había echado al hombro, inmune a sus patadas y puñetazos. Ella, ira desatada, aunque torpe. Él, serenidad y lágrimas de risa aún en las mejillas. Así volvieron al césped y Eli, aún contenta, se quedó dormida encima de las mochilas.

Pasó la tarde.

Empezó a decaer el ambiente, y el cansancio a hacer mella en los juerguistas. Algunos seguirían la fiesta en garitos del centro, otros se iban a casa y el resto, simplemente, se dejaba caer en los bancos con aire abatido. Miguel denegó las invitaciones y se resistió a las protestas de sus compañeros. Quería quedarse con Eli y asegurarse de que llegaba bien a casa. No era responsabilidad suya, por supuesto, sólo una cría con demasiado mal genio y mucha intolerancia al alcohol. Pero había algo en ella que le gustaba. Ahí estaba, tirada encima de las mochilas, durmiendo a pierna suelta. Tenía que despertarla.

-“Eli… Eli despierta”- la zarandeó un poco, pero nada –“Eli que no tenemos toda la noche, vamos. Coño Eli, ¡Eli!”- Una risa ahogada le advirtió de que estaba despierta.

-“Me duele la cabeza”
-“Es normal, venga, levanta que te acompaño a casa”.

La chica se sacudió el verde de los vaqueros, se recogió el pelo en un moño mal hecho y le miró con el ceño fruncido: -“¿Acompañarme a casa? ¿Por qué? Perfectamente puedo ir sola”- Y antes de dejarle responder, continuó, desafiante: -“No me vengas con que estoy borracha, porque me he echado una siesta de tres horas, y ya se me ha pasado bastante. ¿Es que crees que no puedo llegar sola hasta casa o qué?”.

Miguel se metió las manos en los bolsillos y echó a andar por la acera, hacia la parada del autobús, ignorándola. De pronto cambió de idea y se dio la vuelta. La miró, muy serio: -“No, Eli, te acompaño porque me da la gana, porque me sale de las narices, porque me apetece, porque quiero. ¿Te parece?”-

Consiguió dejarla sin palabras, por un momento. Pero sólo por un momento. Se agachó para recoger sus cosas y, al levantarse, la mirada maliciosa volvió a asomarse a sus ojos.

-“Espero que tus intenciones sean honestas, Migue… no me agradaría tener que poner en práctica mis conocimientos de judoka para librarme de ti”

-“No… no tranquila, los micos no me van, en serio, prefiero lo que comúnmente se conoce como “género femenino”, o mujeres, ¿te suena?”

Sabía que aquel comentario tendría represalias, y, en efecto, la mochila de Eli se estampó sobre su cara. -“Eres un cerdo”. Y ella echó a andar muy dignamente hacia la parada del autobús.

La dejó ir. Aún no sentía la necesidad de correr detrás de ella. ¿De verdad que no? No quería cuestionarse nada… aún quedaban exámenes y no era buena idea perder el tiempo en chorradas. Claro que, ¿era sólo una chorrada? Se pasó la mano por la cabeza, confuso… No era un buen día para pensar nada, a él también le dolía la cabeza. Aunque tenía que reconocer, que la visión de Eli caminando altiva delante de él, y recortándose contra el cielo que ya mostraba un color añil, era sobrecogedora. ¡Mierda! ¿Cómo aquella cría conseguía fascinarle tanto?

Llegó hasta la parada y se sentó a su lado, intentando no mirarla mucho. Pero fue más que complicado, porque ella se giró y, poniéndole una mano en el hombro, le dijo:-“Oye Migue, que lo he pensado mejor y… que sí, que mejor que me acompañes a casa, porque cuando quiera llegar va a ser tarde y ya sabes que mi barrio no es lo que se dice el culmen de la tranquilidad…”

Intentó hacerse el despreocupado, aunque notó que, desagradablemente, le temblaba la voz: -“Bueno, vale… ¡con tal de que no me vomites encima!”

-“Migue”

-“¿Qué?”

-“Eres imbécil”

1 comentarios:

  1. Hola Vic. Me paso por aquí a ver lo que escribes. El relato es correcto y es entretenido. La historia es un poco adolescente, claro que yo soy un poco más viejo que tú y quizás por eso lo veo de esta manera. Aprecio que si te esfuerzas podrás llegar a escribir buenos libros. Un saludo afectuoso David.

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