viernes 22 de mayo de 2009

Punto y final

Empecé cinco veces a hacer la maleta. Y cinco veces la vacié. Después me senté en el hueco que queda entre el radiador y mi escritorio y me abracé las rodillas. Había que poner un punto y final a todo aquello. No podía arrojarme al vacío y arrastrar junto al mío a otros corazones, hacia la autodestrucción. Es mejor que sufra uno a que lo hagan dos. O tres, o cinco. Una simple cuestión matemática.

Y bajo el peso de mis ideas se me quiebran las rodillas y mis pasos ya no son firmes. Las lágrimas que anegan mis ojos son de humillación e impotencia. Porque no puedo pedir a nadie que aguante y soporte lo que yo misma no puedo aguantar. Así que me aferro a la sinceridad como último recurso, porque lo demás se ha evaporado. Porque no me puedo mentir a mí misma, porque cada pensamiento en que intenta huir de la verdad me duele, me hace daño, no es más que veneno. Porque, como siempre, lo que quiero que me pase no me pasa; lo que quiero sentir no lo siento y me duele todo el cuerpo de llorar por ti, por mí, por mi característica inconsciencia.

2 comentarios:

  1. Este fragmento me ha gustado más señorita.
    Te dejo una canción de un grupo argentino(quizás ya conozcas).
    Creo que podría ir con lo que escribes...
    http://www.youtube.com/watch?v=BG-e7wOksVw
    Un saludo...

    ResponderSuprimir
  2. No la conocía, pero me ha encantado, la letra sobre todo!

    ResponderSuprimir